Archivo mensual: octubre 2007

Sólo en otoño…

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Otoño. Otoño frío. El otoño, como Dios, es ateo. Sus noches…las noches, una a una con sus magníficas lunas permanecen. Las tardes son de cielos grises, de belleza escalofriante y realidades obstinadas… luces que se encienden, puertas que se cierran y calles que acogen a los ancianos que se estremecen.

Los humores en otoño se transforman, se transforman hasta el punto de no saber si hace frío y llueve por cuestiones climáticas o estados anímicos. Las muecas cambian, los gestos cada vez son más duros y las miradas bajan, se recogen, se esconden. Tal vez escondan historias ajenas que cultivaron entre vagos errantes, cual solitarios peregrinos que buscan identidades que olvidaron en algún bar.

¿Y qué hay de los olores? En otoño los aromas se abren paso entre la gente y hacen que ésta ya no llene las calles a últimas horas de la tarde. Calles de café, de hornos de pan, de cigarro; que invitan a refugiarse en un buen libro y algunas veces en uno mismo.

Pero en otoño no todo es nostalgia y melancolía, también tiene lo suyo. Y es que es una época de cosechas que guarda inimaginables ocasos, brebajes calientes que confortan al alma y rincones misteriosos que resguardan a los amantes que buscan dónde, claro,  sin preguntarse porqué.

Los otoños son de caminatas por asfaltos mojados y alfombras de hojas que conducen al cine, noches de vinos y camas sin sábanas cuando son compartidas, encuentros de manos y reencuentros con velas, tardes de libros y viajes musicales… en otoño hay que dejarse llevar… bien decía Thoreau: vive cada estación del año conforme transcurre, respira el aire, paladea la fruta y resígnate a las influencias de cada temporada.

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México, lindo y querido…

El regreso al DF ha sido como siempre algo impactante, surreal. Esta ciudad es un gigante y el punto geográfico-universal que sin duda creo posible sea el responsable de muchas de nuestras actitudes. El tráfico es horrible pero te encuentras cosas “curiosas” en el camino, como hoy que bajó la temperatura considerablemente. Se veía a todos como si estuviesen en el clímax de un invierno de esos que sólo se viven en Verkhoyansk, Siberia, sí señor; con el gorro, el abrigo, la bufanda, el guante. No se claven, en fin…

Por otro lado, hoy me topé en la vía pública -cosa que no me agradó-, con un ejército de aquellos hombrecillos vestidos de azul y a veces uniformados al estilo Operación Tormenta del Desierto -aunque aquí región 4 y versión smog- y me veían con ojos carnívoros. Pareciera tener cara de taquito de bisteck con limón y salsa; me querían comer viva. Mucha, demasiada policía para estar en tiempos de paz ¿no creen?.

Por eso creo que Mexiquito sin lugar a dudas sigue en manos del juglar de Dios. Pues no hay mejor lugar en el mundo en el que haya un taquito al pastor o de suadero que nos haga sentir mal todo el día porque nos cayó muy pesado.

¡Ay México! a veces me deja tonta, enamorada, seducida, feliz. Otras me pone los nervios de punta, me harta, me dan ganas de escapar, de huir, tomarme un clamatito en la playa con solecito, irme con él a la montaña y perdernos de la vista de todos. Pero luego me dan ganas de regresar echarme unas chelitas y finalmente aceptar las cosas como son. Resignación.

Es verdad que como México no hay dos, caray. Que bonito lugar. Sus sierras de agave y sus habitantes de pastiche. Tan tranquilos, burlándose del mundo y si queda tiempo de ellos mismos y todo porque se saben menos serios. Bendita tierra de la calaca, dementes hemos de estar, al psicólogo con los paisanos.

…y sin embargo seguimos al frente. La vida trae su paso. Todo a su debido tiempo. Ahora suenan los tambores y salen todos a bailar. Locos, locos, locos. Todo el mundo está loco.

Sí, es verdad que seguimos como siempre. Esa palabra me atormenta últimamente… Siempre ¿hasta cuándo acaba el siempre?

Tic-toc, tic-toc… el tiempo pasa y yo frente a la pantalla. Mejor me voy al mundo, a la lluvia, al frío. Venga, un beso.